¿Por qué escribir?

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Escribir es como cantar frente a la  ventana tarareando la vida tras una taza de café, es como observar el mar abierto sin cadenas, sin registros, siempre desatados a los sentidos. Es más, a su servicio.

Muchos autores y autoras tienen que responder de manera forzada a los medios de comunicación sobre el porque se su escritura. El gran Carlos Fuentes,  fue capaz de responder con una pregunta: ¿Por qué respiro? Debo decir que a mi me ha costado respirar, como si la escritura y el relato de la vida se desarrollara en el campo de la mente, en la secreta mirada que invadía el entorno cuando era una niña, cuando las respuestas no eran simples y a la vez elementales.

Escribir es sin duda ese ejercicio de poner en marcha la maquinaria de la descripción  con el delicioso engranaje de la imaginación, respondiendo a la justicia de pensar en mundos extraordinarios, donde  colocar a los personajes y sus entresijos en las más radiantes situaciones.

Los personajes miran mientras el tren pasa, la narrativa silenciosa observa los rieles y el final es el pañuelo blanco agitándose a la historia que se despide afanosa y continua.

Escribir sana, muerde, suda, sangra, alegra, acepta, perdona, debate, enlaza, culpa, y este acto primario dialoga con otros y otras, conmigo con esa y ese que pasa por la calle, aquella que da vuelta la página, y que hace el amor mientras yo juego con mi modo de ver el mundo y a crear realidades para seguir jugando, esa es la respuesta.

Para seguir jugando, he venido…